domingo, 20 de abril de 2014

Transposicion

TRANSPOSICIÓN
Nos arrastra con fuerza hacia la orilla, damos vueltas y chocamos contra la arena. Entre carcajadas nos levantamos y corremos hacia donde se forman las olas más grandes que nuevamente nos abrazan: nos envuelven en su torbellino imparable. Puedo sentir mi cuerpo girar al compas de ese bucle estruendoso, donde es inútil resistir.
Mi hermano me agarra y otra vez nos zambullimos. Empiezo a nadar, lo arrastro conmigo, sujeto a mi espalda. Esperamos.
El agua me llega hasta la cintura y a él casi hasta el cuello. Me adelanto un poco más, con el fin de abalanzarme sobre él cuando la ola llegue.  Observo. A lo lejos comienza a asomarse una que promete ser enorme: me preparo. Me doy vuelta para decirle a mi hermano, pero no lo veo. Miro en todas direcciones, no está. Retrocedo, lo llamo, avanzo nuevamente, grito. Solo el rugir de un viento cálido y salado responde mi llamado. Me sumerjo y nado un par de metros. Abro los ojos: todo esta espeso, nubes de arena me ciegan. Algo me agarra de los tobillos y comienza tirarme hacia abajo: era él. Intento ponerme de pie pero no puedo; en vez de eso nos hundimos cada vez más. Habíamos caído en un pozo.
 Está aterrado: me sujeta con fuerza y no me deja mover las piernas. No puedo nadar, la corriente nos lleva aun más profundo.  Intenta treparse por mi cuerpo, pero me hunde aun más y más. Comienzo a desesperarme; mis brazos no dan abasto,  la boca se me llena de agua y  no tengo más aire. Sigue llevándome hacia el fondo. Siento mi mente oscurecerse. Comienzo a retorcer mis pies intentando zafarme de él pero no puedo: se aferra aun más. El pánico me domina, ya no logro dominarme. Con todas mis fuerzas muevo mis piernas, las retuerzo, lo empujo. Ya sumido en una total perdida de razón, logro soltarme y le doy una terrible patada en la frente. Él cede; siento como las manos que antes me aprisionaban se debilitan: pierde el conocimiento, me libera. Comienzo a nadar, siento todo mi ser ahogarse en sí mismo. Antes de desvanecerme siento una brisa en la cara, una gran bocanada de aire recorre mis venas.  Abro los ojos, una gran ola me impacta en el rostro.

Despierto. El corazón parece salir de mi pecho. Estoy empapado en sudor y sumamente alterado. Intento calmarme. Tomo un vaso de agua y voy a la pieza de mi hermano: aun tengo en la mente su imagen ahogándose. Entro despacio, lo toco: está completamente mojado y frio. Prendo la luz. No respira: está blanco, con un terrible golpe en la frente. 

Entelequia

ENTELEQUIA
El humo se mezcla con las estrellas,
densa niebla me invade.
La tranquilidad me agobia,
hastío de sentidos.
Desciendo hacia mí,
escalera interminable
de reluciente oscuridad,
 pequeños soles en la noche.
 Reboza la armonía,
me brota el equilibrio,
la suave equidad
con el mundo inasible.
Punto perfecto de reunión,
donde pertenecen la plantas,
donde nacen los paraísos.
Me transporto a los confines

de la paz.

Flaneur

FLANEUR.
Lunas del día,
estrellas de la claridad,
Andante de la oscuridad.

Las flores se convierten en polvo,
los soles brillan de luto.
Hojas tediosas se sumergen en el vacío.
Las gotas caen suaves, melancólicas.
Lágrimas ennegrecidas se evaporan:
tedio de los días pasados,
glorias calladas,
hazañas perdidas,
honores enterrados.
Nada es percibido.
La gris soledad todo lo cubre,
las palabras se disuelven,
 los oídos son aislados,
las mentiras florecen,
lo agresivo se viste de amor.
Las esperanzas mueren prematuras,
las ilusiones asesinas alimentan,
engañan  la existencia.

Ya solo veo noches perpetuas,
lámparas que se extinguen,
Amores que dan la espalda.

Camino por lóbregas sendas,
cargo amores profundos,
tristezas punzantes me asesinan,
dagas hirientes,
mas no mortales.

Me sumerjo en los abismos,
Lúgubres sombras me abrigan,
Me dan refugio.

Ya no soy,
no existo en mí,

no siento.

Correspondencia

CORRESPONDENCIA
Otro tedioso día de escuela: con fiaca todo tiempo y las descalificaciones… ¡Descalificaciones, JÁ! ¡Que linda palabra le pusieron esos giles a “no te estás integrando a la norma”, forros portadores de la careta capitalista! ¡Calificar pibes! ¡Clasificar seres humanos según su grado de obediencia e inteligencia sometida! ¡¿De qué se la dan?! ¡Lindo trabajo tienen! Lo único copado es caminar hasta casa escuchando heavy. Esas guitarras rabiosas, los bajos oscuros y los mismos tambores del infierno como base me complacen. Encontrar tanta belleza en aquello que llaman ruidoso, grosero y anti-norma me hace volar, me transporta a mi mundo inconsciente. Te permite observar y sentir los griteríos de las calles deterioradas por la abundancia y el sometimiento desde una perspectiva de arte puro. Un porro en el camino tampoco viene mal, ¿o no?

Camino lento, observando tranqui las plantas del parque. Troncos pálidos de entes que se elevan como cuellos de jirafas*. Una tapa de hojas marmoladas que se unen en su ataque al sol me observa elevada. Una enredadera que forma un muro espeso: una especie de hierbajos que se abrazan en un túnel de bucles oscuros, cuyo fondo impenetrable no permite ver más allá de las sombras púrpuras, reflejos de la negrura. Agujeros hilados que giran adoptando formas. Los pastos cenicientos convergen en un abismo que se hunde, forman contornos. Algo parece atravesar ese infinito: dos puntos mármoles se acercan desde el fondo de lo inasible a toda velocidad, lentamente inalcanzables. Ambos brillos descubren a su paso, los bordes de la nada. La luz me atrapa, llena de paz mis entrañas, me presenta al ingenio. Contemplo la existencia utópica. 

Deliratio Insecti

DELIRATIO INSECTI
Avanzo. Bocinazo. Semáforo frenada bocinazo. Avanzo. Se repite la secuencia doce meses, trescientos sesenta y cinco días. Dos semanas de vacaciones. Dos años de fracaso y abstinencia sexual. Vida ordinaria.
En la oficina me recibe la recepcionista Catherine, con su casi efímera mini falda y el sostén dos tallas menor. Pienso mil formas distintas de arrojarla contra la cama y desnudarla. Soñar no cuesta rechazos. “Soñar no cuesta nada”, amo esa frase. Algunos compañeros entran conmigo, me saludan con el forzado y clásico “Hola, ¿todo bien?”, como si les importara realmente. Hipócritas.
La jornada comienza con el llamado del modélico cliente idiota que quiere comprar el tonificador abdominal; seguro deseará tener el cuerpo que vende el photoshop. Otro que cree en la felicidad del mercado para no pensar en el sin sentido de su existencia. Irritante.
Paso el pedido. Me duele la panza. En el box de al lado se escucha la canción pegadiza y cursi del momento. Formato ya demasiado conocido: voces bonitas cantando sobre los mismos simples y escasos acordes de otras cien canciones que lideraron los rankings por hacerte creer que el amor cae de un cielo azul en raciones iguales para todos. A pocos metros, por los pasillos, se escuchan los tacos de la gerente, controlando. Hecha una ligera mirada a mi habitáculo y continua. La chica del box de enfrente la mira de reojo, la observa hasta que se aleja y ya no puede verla, luego vuelve a su trabajo. Conozco esa mirada, lo que se oculta más allá de esos ojos, ese sentimiento que el sistema alimenta desde que nacemos: lo intrínseco del ser humano, de la existencia: la codicia. La chica desea llevar esos tacos que imprimen temor y respeto como un niño desea la hamburguesa gigante con papas de los carteles. Moldean nuestra conducta trabajando con lo que es nuestra propia naturaleza: la codicia. La atrapan, la alimentan, la educan y la seducen; sin prisa y sin pausa, toda la vida.  Solo sé que recién atendí el primer llamado estúpido de una serie de llamados estúpidos de gente estúpida que me retendrán aquí durante toda una jornada mientras hago un gran esfuerzo por interpretar mi papel en esta película. Todo a mi alrededor es una película. Vivimos en un perfecto estudio de grabación donde cada uno es el papel que le toca. Nadie es, nadie puede ser autentico, porque todos somos codiciosos. Nos obligan a seguir el guion de esta superproducción llamada sociedad de consumo. Aquellos que sueñan con sociedades entelequias, de igualdad, paz y amor. Aquellos que sueñan con la caída del sistema ya se darán cuenta, como yo lo hice, que todo es inútil porque siempre habrá codicia, porque somos actores que siguen un libreto. Nadie está exento de él. Todo está escrito: como ser un buen hijo, un buen estudiante, un buen empleado, en que creer y en que no. Qué decir al saludarnos, cómo sonreír,  qué sentir, qué reacción se espera si alguien nace, enferma o muere. Todos somos estándar: hacen que codiciemos lo mismo, lo que nos venden como imagen de vida ideal, feliz y vacía. Hasta el que dice ser rebelde tiene escrito en su guión cómo es la imagen de un rebelde: hasta eso esta normalizado. Porque eso es en lo que nos convertimos: en normas. Somos “gente normal”. ¿Qué es ser normal? Ser codicioso, con todo lo que ello implica. Se vuelven a escuchar los tacos que se acercan, el dolor de estomago sigue. Deseo terriblemente llegar a mi casa, prender un faso y escuchar jazz o metal, todavía no me decido, y leer o escribir poesía, quizá. Al fin de cuentas, lo único que nos saca la máscara es el arte. Nuestros sentimientos, nuestra imaginación, nuestro mundo interior, personal, es lo único que todavía no pudieron controlar en su totalidad, aunque dudo que dure mucho más.  En fin, va a ser un largo día y además me está agarrando acidez. La lengua me arde. Tanta vulgaridad hizo que el desayuno no me haya caído bien, para colmo.
Atiendo otros dos llamados. Aumenta el malestar. Es como si la lava de un volcán subiera por mi esófago sin lograr salir. Mi lengua parece quemarse. Tomo un vaso de agua mientras la maquinita me hace un café.  Vuelvo al box, siguen entrando las llamadas, sin cesar. Constantes a mí alrededor los teléfonos suenan. Atiendo. Me cuesta hablar, articular las palabras, ser un buen actor. La lengua me pesa, siento que es más grande, y hasta tengo la sensación de que crece. Me relajo, al menos lo intento. Respiro y tomo un sorbo de café caliente. ¡Error! Algo recorre mis nervios, me paraliza por completo. Ya no puedo mover un musculo, ni siquiera emitir sonidos. La lengua, al sentir la sustancia caliente, reacciona bruscamente. Por propia voluntad se me retuerce como una lombriz expuesta al sol. Se vuelva hacia atrás, luego hacia adelante, se sacude e impacta contra las paredes de mi boca una y otra vez. El idiota de al lado sigue con su música cursi. Nada puedo hacer para salir de la parálisis. La acidez es cada vez peor, algo espeso se amontona en mi estomago. Empuja. Algo dentro mío busca liberarse. Siguen entrando las llamadas. Ya no es mi lengua. Ya no es una lengua. Sea lo que sea, no se detiene, crece a cada instante. Asoma poco a poco por mis labios. Sigue retorciéndose, choca contra mis dientes. Alguien vino a ver a la chica del box de enfrente, no es la gerente. Algo duro, como una coraza seccionada en placas, al estilo de las armaduras romanas, la recubre. Pequeñas espinas salen de los costados, puedo sentir como raspan mi paladar. Sigue creciendo. Puedo ver a la cosa salir de mi boca. El de al lado paró la música y atiende una llamada. Las espinas resultaron ser patas de insecto: inquietas y veloces. Dos de ellas, ubicadas en la parte delantera, crecen aun mas que el resto; se mueven lenta y constantemente, como husmeando todo alrededor. Antenas, sin lugar a dudas.  Voces y teléfonos suenan sin parar. Observo como el insecto termina de formarse dentro de mi boca. Se sacude con violencia, retorciéndose. Algo se quiebra dentro de mí con un crujido, el bicho sale. Ya no tengo lengua, ya no existe. Sigo paralizado. El ciempiés gigante camina por mi camisa, sube al escritorio y se posa sobre el teclado. Clava en mí esos dos puntos negros, diminutos, sin fondo. Vuelve a sonar la música.
Despierto. Aun es de noche, oigo los grillos cantar. Permanezco inmóvil; escucho, huelo, siento el suelo bajo mis pies. Mi cuerpo aun esta tenso, alerta. Poco a poco me tranquilizo, todo volvió a la normalidad. Nada resulto ser verdad. Por un momento creí no regresar jamás de aquel mundo extraño, con seres extraños que compran “tonificadores abdominales”. Salgo, la noche aun es joven. ¡Qué reconfortante es, volver a ser un ciempiés!


Arte Vida
Cuando logres superar
aquél muro tajante del prejuicio.

Cuando atravieses los bosques turbios y hostiles del ruido,
hasta que los gritos
se conviertan en melodías Inmortales:
notas marchitas que te iluminan
en su vuelo desvaneciente.

Aferrado,
cuando hayas volado,
te arrojes a los oscuros abismos
de un cielo estrellado,
descubriendo Sombras luminosas
en el fondo de profundidades lóbregas.
Fervientes guardias las admiran,
incomprendidos,
 las adoran.

Cuando hayas sentido
el sentido de tu existencia
reflejado en aquellas Sombras como brillantes,
que te alumbran con su belleza,
su magia, su misterio.
Sensación de descubrir
aquél punto ilusorio
 donde mora el acuerdo,
 el precioso equilibrio,
la armonía.
Perfecto Arte borroso,
enigmático,
oculto.


Cuando lo hayas experimentado,
sabrás entonces que eso,

es Heavy Metal.
EL ULTIMO ESLABON
Llega. La imagen del piano de su madre sosteniendo un metrónomo antiguo la recibe. Deja sus llaves arriba de la mesa que está delante de la ventana que vigila la calle. Despliega la puerta plegadiza y pasa al living-comedor donde la espera su madre: siempre con cara de cansancio, de pie, y con una mano apoyada en la mesa, dejando ver tras de sí la tele prendida en algún canal, observada por un juego de sillones vacíos y recubiertos. Pasa bajo una pequeña arcada que contiene un corto pasaje, a cuya derecha se encuentra una apretada cocina. Los platos del mediodía la están esperando: ella los lava lentamente, uno por uno. Deja los cubiertos en un recipiente con agua: cuando termine con el sartén los lavará a todos de una vez.
Sirve café, un poco de leche y pone la taza dos minutos en el microondas. Para cuando suene el ¡tin! ya tendrá listo su pan de salvado con queso light, rociado con una combinación de pequeñas semillas que tanto le gustan. Cuatro paredes detrás suena el piano de su madre. Nunca le presta atención. Ya con su merienda lista, se dirige a su pieza: atraviesa nuevamente el living-comedor, esta vez en dirección opuesta, donde instantáneamente percibe la cara sonriente de su sticker de “Yo estuve en Bariloche 3536”, pegado en el vidrio de su puerta. Una pila de fotocopias la espera en su cuarto, junto con tres o cuatro pares de almohadones: algunos cuadrados, grandes, medianos, con forma de corazón o de luna. Algunos decoran su cama (casi siempre perfectamente estirada), otros yacen esparcidos por su alfombra gris, junto con zapatos, zapatillas y medias que ha usado hace uno o dos días. Su mamá seguro la retará cuando termine de tocar.
Quizás tome un baño por la tarde antes de cenar, o lo hará a la mañana siguiente antes de ir a la facultad. El agua correteará por su piel blanca, se escurrirá por sus labios: carnoso el de abajo y más fino el de arriba, ambos forman una boca pequeña en perfecta armonía con su nariz respingada y sus ojos grandes, marrones, de mirada viva, transparente e infantil. Enjabonará sus pechos que tomarán la forma de colinas nevadas en un invierno primaveral. Los pezones, pequeños y rosados, son suavemente acariciados por la espuma; seguidos por sus muslos grandes, firmes y pálidos. Algunos pelos finos de corte carreé, yacen en la bañera.
Un jogging viejo, soquetes, una tanga rosa, una remera desteñida y un saquito de tela conforman su piyama. Cepilla sus dientes: grandes, blancos y disciplinados. Toma diez o veinte globulitos vitamínicos recetados por el homeópata. Arroja los almohadones al piso, se pone sus aparatos para dormir, se refugia en sus sábanas y quizás halle el sueño rápidamente, luego de repasar su día de duro ensayo, y la lista de cosas que hará al día siguiente: los castings, obras y eventos a los que le gustaría asistir si su mamá no se opone. Todo esto si en medio de la noche no la sorprende un calambre en la pierna que la haga gritar y llorar llamando a su madre, que rara vez la escucha debido a los paneles de goma espuma acustizante que recubren la puerta de su cuarto.
Otra posibilidad es que se quede toda la noche estudiando o haciendo tareas atrasadas, sin imaginar jamás que alguien está imaginando todo esto: alguien que está recordando todos los aspectos de su vida, que la amó con locura, y que retiene cada detalle. Alguien que se encuentra muy dentro de Zus abismos. Alguien que ahora está en la zona Amarilla de la ciudad Verde: alguien que solo a nimios metros de distancia observa a través de su puerta.  Que bajo un sol apagadizo respira profundo, para luego aterrizar en una melancólica exhalación. Alguien que ha roto sus cadenas ciudadanas y sociales: las que te atan a lo humano para evitar que asciendas al plano prohibido, que ha sido apropiado ilusoriamente, y que te permite ser un dios. Porque yo soy un dios. El revólver que sostiene mi mano me lo permite: porque creemos en seres superiores hasta que nos convertimos en uno. Yo soy el guardián entre el ser y la nada. Yo controlo quien vive y quién no. Yo soy el último escalón de la cadena alimenticia: solo la soledad me rodea, porque yo, estoy por encima de todo. Yo, controlo la existencia. Yo, soy el que está decidiendo si entrar por su puerta y someterla: tapar su boca y besarla con furia; arrancar su ropa y convertirla en harapos. Agarrar sus tetas y morder sus labios, mientras una mano le hurta placer, para luego enterrarnos y fundirnos en fluido.  Yo soy el que decido si le doy un celestial castigo, o aprieto el gatillo y le arranco los sesos, esparciéndolos por su cama como trozos de comida para perros. Yo soy el dios del último eslabón onírico de la cadena del inconsciente de Zysli; y ella nunca lo sabrá, porque aunque la sigue amando, nunca dejará ascender aquello que existe en la inexistencia de su ser.


 Octavio de Cannavis

martes, 4 de marzo de 2014

Érase una vez, en el 83.

decimonónico, ca. Perteneciente o relativo al siglo XIX. Anticuado, pasado de moda.

Xecilia: -No llores, llorar no sirve.
Kleopa: -¿Qué más puedo hacer?
Xecilia: -Yo sé porque te lo digo, llorar no sirve.

sábado, 1 de marzo de 2014

Gente común.

Ella es Luisa. Una chica común, como vos, como yo. Flequillo mal cortado, cara redonda, dedos de uñas comidas, hombros caídos. Común. Se levanta a la mañana, se lava los dientes, se mira en el espejo sucio del baño y le hace caras,  por lo general se ríe de ella misma. Se prepara el mate, con la inevitable condición del agua hervida, le pone 3 cucharadas soperas de yerba, (ni más, ni menos) y justo en ese mismo momento se da cuenta que está llegando tarde a donde sea que tenga que ir, se toma un mate a las apuradas, se quema, maldice al cielo, se tira al piso, simula su muerte, vuelve a levantarse, mira el reloj, es aún más tarde, busca la llave que por supuesto perdió en algún recóndito lugar de la casa, la encuentra, vuelve a sonreír, saluda a su gato, le pide que no la extrañe, y se va. Se va pensando que llega tarde, que no le importa, se va. Pasa el día, vuelve, se sienta, se dispone a tomar mate de verdad, con agua hervida y 3 cucharadas soperas de yerba y qué buena es la vida. Normal. La rutina la aplasta, pero ella lo ignora. Luisa lava, fuma, estudia, desespera. Lo mismo que vos. Le llega la noche, la duerme, la sueña, y al otro día la yerba. A Luisa la vida le pasa. LE PASA, y no lo lamenta. No tiene tiempo. Como vos, espera el fin de semana, espera el viernes a la noche y el abanico de posibilidades y te acordás de. Sí, Luisa es una chica normal, sueña con cambiar el mundo, y teme que el mundo la cambie a ella. A veces, cuando nadie la ve, prende un cigarrillo, solamente para ver la lenta metamorfosis, las cenizas, las espirales de humo. Lo fuma y se aterra cuando ve el recorrido de la voluta de humo, ve que la envuelve, que la eleva, que de pronto todo es gris humo de cigarrillo, que le pasan por los ojos imágenes que inventó de su infancia, fotos de cuando fue a París y se le cayó el sombrerito de colores desde el tren, fotos del día que conoció el mar y era azul y no lo distinguió del cielo y lloró. Cuando se cansa, sacude la voluta de humo y vuelve a la tierra. Ya lo ves, nada del otro mundo. Si alguna vez la cruzás por la calle, no te llamaría ni la más mínima atención. Posiblemente ni siquiera la recordarías, porque no es digna de recuerdo. Y seguramente, no te darías cuenta que adentro de Luisa crece un león. Crece, así sin más, como una plantita. Crece. La última vez que hablé con ella, me contó que había días que estaba insoportable. Que el león se apoderaba de ella y le hacía decir cosas que no podía reproducir, que la espantaba. Pero que no entendía cómo, a su vez la encantaban. Que el espejo, en vez de devolverle la cara de Luisa de todos los días, le devolvía una melena encrespada y una mirada asesina. Entonces se excusaba de la vida con alguna enfermedad orgánica, no te preocupes vieja, ya tomé el ibupirac, no vieja, no necesito conseguirme un novio, quedate tranquila que es la cabeza. Y empezaba la guerra. La casa se transformaba en una selva de cemento y plantas, su gato la miraba desde su cómoda posición, acostado arriba de la mesa. Ya se había acostumbrado a las guerras de la Luisa-león. El león Luisa mira al mundo con otros ojos. No le teme a que el muy ingrato lo cambie, es salvaje, es poderoso, ruge por placer, salta porque puede, ríe porque elige reír. Nadie lo obliga a nada, ni siquiera él mismo. Su vida sería soberbia, gobernaría por sobre el mundo si ese fuera su deseo, aboliría de un zarpazo la vergüenza y el odio, prendería una fogata en todos los hogares, solo para que no olviden que es tan real como cualquiera. Sí, el mundo sería mejor si el león.. Pero no, no va a suceder. Porque hay una sola cosa que no puede hacer, y es tomar el control de Luisa. Nadie entiende muy bien por qué, pero nunca pudo ganarle la guerra, ocupar su cuerpo, tomar el control de su mente, dejar de ser Luisa-León, para solo ser León. Luisa se levanta del suelo, agotada de pelear. Prende la hornalla, pone la pava, tres cucharadas soperas de yerba, hierve el agua, se quema la lengua, se tira al piso, maldice al cielo, simula su muerte...
A veces, tengo tantas ganas de que gane el León..

lunes, 24 de febrero de 2014

Dichos II

"Twas brilling, and the slithy toves,
                    Did gyre and gimble in the wabe:
                                      All mimsy were the borogoves,
                                                    And the mome raths outgrabe."
Lewis Carroll.

"Alpaquecía, y los flaqueños lurones,
             giroscopaban y aujerizcaban en la colundación,
                             misébiles se encontraban los masquetzales,
                                        deshogarados los cerdiluzcos rumberrearon."
Léon Noël.

"Enfilzaba, y los brumientes albinales,
          circundoblaban y ajiliszcaban la volbontana,
                                destrasados se fruncían los loremas,
                                           solestizada la grandilocerpa trajinaba."
Noél Leon.

"Era el folfoldial, y retorcimismaba el ozelote,
     filoconcían y eunocaseaban trode  de la claeonáuta,
                                     acorazorados manutencían los lorzos,
                                              tristeritaba el doser conmusquillando."
Marc Cram.

"Malditos poetas neologistas. Que los parta un rayo, blasfemos cacofónicos." 
Platón.


Trovadoresco.

Les hablo a ustedes, pequeños troupes.
Desolados en la plenitud de sus vidas,
cansados e incomprendidos.
¿Qué obsesión los invade en estos días?
Acaso ¿han paseado en bicicleta hoy?
A ustedes, estoicos infantes, les hablo
con pasión en sus hermosas heridas.
Troupes, ansiosos, nerviosos, hermosos
aún son demasiado jóvenes para
sentir el éxtasis de la música, lo solitario
de la libertad, lo agridulce del dolor.
Ustedes, pequeños trotacalles, no dejen
que su amor los cambie, no dejen que
su dolor los olvide.
Porque ayer, hoy y siempre, ustedes
fueron lo único vivo en este lugar, y
aún con sus deseos de libertad, siguen
aquí, buscando ser más de lo que pueden.


                                                       
                                                         Créme de l'air

domingo, 23 de febrero de 2014

La misma parada, el mismo jueves.

A Gastón Tongas Lodos, quien me recuerda la importancia de pensar en todo esto.


A veces sólo me digo a mí misma C' est la vie.


La misma parada de siempre, podrían pintarla alguna vez. Gente, mucha gente acariciando el suelo con sus zapatos, esperando, viviendo. Gente que te quita espacio, te quita juventud, te quita un asiento en el micro. La vida pasa, el oeste 16 no. Es una noche triste, suena Fréderic Chopin, el colectivo por fin llega, vuelve la esperanza. No tenemos la suerte de vivir tan cerca para que nuestros pies nos lleven a lugares impensados. Sonreímos por dentro y subimos al micro. La misma rutina de siempre: saludar al chofer, no recibir saludo, sacar boleto y notar que el crédito de la Sube se está agotando, igual que se agotan los asientos y el espacio, igual que se agota la vida. Conseguimos un lugar entre la gente ¿acaso no dije que ella está aquí también? bueno, lo está. Debatimos si movernos ¿quién diseñó estos micros? esas barandas tan altas, tan amarillas, tan soberbias e inalcanzables, tal vez un fugaz recordatorio de que somos insignificantes; llego a tocarla con la yema de los dedos y no me siento mejor por eso. Prefiero un allegro maestoso, un larghetto o un vivace, prefiero las cornisas y zapatos gastados, las rutas y edificios, o las vías del tren. Prefiero caminar por los bordes donde es más seguro no caerse porque nadie golpea tu espalda, empuja tu cuerpo o te da un codazo. Opto por las cornisas porque te recuerdan que vivir es un atajo. El tiempo sigue pasando, airadamente lento, con ruido, con casas, con Chopin. Llega su parada. Ella baja, yo continuo <ojalá no supiera a dónde>. Me posiciono frente a la ventanilla, ya es de noche y afuera se huele tristeza ¿cómo es posible desde aquí adentro? el jueves está pensativo; me miro, y miro las plazas solas, los autos solos, la gente sola, los semáforos rotos, el vidrio sucio, la señora que duerme. Y por el reflejo noto que detrás de mí hay un hombre de pulóver azul ¿le habrá costado ponérselo? Chopin lo habrá ayudado, él siempre ayuda a todos, me ayuda ahora; y por eso sigo mirando hacia afuera, y él también lo hace ¿o no? Quizás no. Puede que mire su reflejo en el vidrio sucio, o mire que lo estoy viendo a través del vidrio <sucio>. Es extraño, dudo que sea real. Un asiento se desocupa, pero nadie se sienta en él ¿por qué no lo harán? ¿qué tendrá de malo aquel asiento? <yo jamás voy a saberlo> junto al asiento hay un chico con ojos tristes y cabeza apoyada en el vidrio. Siento pena por él <por mí> Parece estar recordando algo ¿será feliz? ¿estará triste o estará cansado? ¿no es lo mismo acaso? aunque sienta pena por él no me siento a su lado, nadie se sienta. Tengo impulsos de llorar, quizás porque falta poco para que algo suceda. No sé bien qué. Vuelvo a mirar afuera y la tristeza sigue ahí, junto con la vida y los árboles. Un hombre me empuja para pasar y noto la increíble coreografía coordinada que hacen los cuerpos en el impulso de pararse y sentarse y quejarse y vivir. Las cabezas todas iguales, mirando hacia la nada que resulta <a veces|> ser algo, y los pies buscando convertirse en algo más, queriendo encontrar una posición interesante. De pronto tiemblo y un brazo me codea <sin querer>. Quizás ya no sienta nada. Veo la luna borrosa y siento que va llegando el final, mi parada. No puede ser ahora, no ahora que pensé en todo esto. Chopin no deja de tocar, arte y libertad, como el teclado y las sabanas transparentes, la lluvia y la soledad, igual que la luna cuando la pintamos con acuarelas rojoamarilloblanco en el ventrículo derecho, con círculos de porcelana roja que dejan entrever las cosas que dejamos, las cosas que perdimos, las que nos olvidamos en un café de Buenos Aires mientras pensábamos que la calle no era derecha y llena de vida como en esa foto que el diario nos mostró. Y nos sentimos mal. Y sabemos que el micro ya está doblando en aquella rotonda y ya no hay marcha atrás; otra vez a la cárcel y al paraíso, de nuevo de nuevo y una vez más. Ya no hay libros, ni casas, ni oestes, ni gente autómata que no siente, que no ve, que no piensa en estas cosas porque no miran a quien los mira por la ventanilla. Ya faltan tres calles, me acerco a la puerta, leo PROHIBIDO FUMAR Y SALIVAR ¿dónde, está sociedad, ha preferido insertar la libertad? De nuevo veo a esa chica que vi la semana anterior ¿nunca dejará de hablar? parece feliz. Dos personas más se acercan a mí, ellos son felices. Un parpadeo y un fluir: Hay toldos y lodos, hay lodas y toldas, y lados y taldas y palas y muertos y tolodas y das, y tol, y el timbre suena. El arte de bajar implica leer la puerta, a través de la puerta, hacia la puerta y bajar. El micro va frenando despacio, ni siquiera logro conocer quién es esa chica de ojos negros que me mira por el reflejo de la puerta, antes de que todo concluya. Me distraje un momento y el micro freno con brusquedad<Al fin> La noche promete tristeza. Comienzo a bajar lentamente, veo a la vida tras un árbol. Ya es tarde, mañana tengo que madrugar. Pero vuelvo a bajar; bajo dos veces a la realidad y a la vereda, y piso el mundo, floto un segundo y mis pies se aploman como dos cisnes taciturnos resignados a caminar.  Y así, bajando veo la luna de nuevo borrosa, y camino a casa. Todo termino ya. Mañana será otro oeste 16, mañana será otro... mañana será... mañana ya no es hoy.




                                                                                    Créme de l'air
                                                                                                     

jueves, 20 de febrero de 2014

El soliloquio de Roland Francis Dhull

"La vírgen azota al niño-dios antes de que nadie atestigüe el hecho y así celebrar el primer acto prometéico de la historia."
Max Ernst.

Mientras todo buho se despreocupa del Solsticio voy a trepar a la más alta tumba y voy a momificar lo poco que queda de la rosa de los vientos tomaré el viento
y lo haré parte de mi altar a las diosa Artemisa diosa que produjo el soliloquio del nogal diosa a la que Nietzsche intenta asesinar no se da cuenta ese tuberculoso funebrero que el hombre es el primer dios que el hombre ha nacido dios
y nada puede detenerlo en su afán por martirizarlo todo nada cuenta nada queda
Nietzsche debería matar al hombre instead
entre los pétalos de la rosa de los vientos  ya Artemisa ha quedado inconsciente en el suelo Nietzsche se regodea en el Salón blandiendo su Florero ese florero es el arma homicida
el acto edípico ha sido llevado a cabo EL YERMO DESIERTO HA DADO A LUZ A LA INFELIZ TRAGEDIA LA HA VESTIDO DE OCASOS  y no hay raíz ni fermento solo rojo
rojo como la inmensa galáxia descomunal descomunal como la inmensa galáxia y perfecta
perfecta como la corbata de Nietzsche no hay vuelta atrás el acto se ha llevado a cabo
la obra final y yo no creo de ninguna manera que el final sea feliz la verdad es que pienso que todo esto es una gran tragedia una inevitable tragedia de la que nadie se ha dado Cuenta aún una tragedia venidera una Tragedia a la  que nombrarán "Galimatheais" una tragedia fermentada desde hace siglos una modernidad desusada una modernidad inútil y desnutrida algo sucio será algo sucio será eso es lo único que sé.
                                                                                                     Roland Francis Dhull.                                                                                                                                                           

Dichos I

"Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo."
                                                                            Arquímedes.

"Arquímedes, el punto de apoyo del mundo es el corazón. No habrá como puedas mover el mundo si no descorazonas a alguien o al menos una fruta."
                                                               Alejandra Pizarnik.

"El corazón que busca Arquímedes es el corazón que late entre los árboles, que late al unísono de la tierra, lento, encumbrado, pero cercano, lento como los pasos, lento, un lento latir inevitable."
                                                                                                                                  
                             Jacobo Fijman.

 "El corazón es el punto de apoyo del mundo, pero también es el punto de fuga. El mayor punto de fuga que alguna vez he visto."
                                       Enrique Molina.

"El ping-pong del diablo contra dios no cesará porque nunca empezó."
                                                                                                           Lao Tse.

"Había visto las ruinas de una noche enfermiza, había escuchado al único violinista que ante la muerte en vez de ruitinariamente tocar su violín, trató de torturarme. Ya lo había visto todo pero Arquímedes se resistía a dejarme en paz, estropeaba la luz, rompía mis silencios, quería darle la vuelta al mundo cuando nosotros ya lo hicimos. El pobre Arquímedes no sabe que por más revoluciones que ocurran siempre seremos humanos."
                                                                   Jean-Pierre Grueth.

"Jean-Pierre Grueth no es ni sabio ni mendigo, es un pobre burgues capitalista. Nada más y nada menos."
         Allen Ginsberg.

"La suerte no existe y al mismo tiempo es la prostituta más grande que el mundo dio a luz. Arquímedes es el único poeta que busca la verdadera revolución."
                                                        Isidore L. Ducasse.

"Recuerdo aquel día en el que Maldoror y yo jugamos sin ningún resentimiento. El corazón como punto de apoyo del mundo parece haber sido dejado de lado. Ya no se lee poesía, ya no se ahorcan niños de pecho. El mundo se ha afrancesado, se ha vuelto más competitivo para nosotros, Maldoror. Los niños masacrados están en los noticieros, se televisan las crucificiones. Maldoror, nos han ganado de mano estos bastardos."
                                                                                                                                                                   Charles Baudelaire.

"Enfermo, podrido, y aún así de granito. El ángel enfermo de la sociedad se arrastra, de rodillas, ya no sirve de nada la misericordia ni la lástima. Esas mierdas son para los perros, no para los ángeles."
           Frances Faraday.

"Rotten, sick, filled with anger. The rhythm of a thousand tangled wings that wait for their saint, Archimedes. Drooling child of ancient times, carry our word of despair, tremble for the safety of our mother-nature."
            Aldous Huxley.

sábado, 12 de octubre de 2013

Estar solo.

¿Qué estás haciendo aquí?
¿Qué quieres?
¿Es música?
Podemos tocar música.
Pero quieres más.
Quieres algo y alguien nuevos.
¿Estoy en lo cierto?
Por supuesto que lo estoy.
Sé lo que quieres.
Quieres éxtasis.
Deseo y sueños.
Las cosas no son exactamente lo que parecen.
Te guío de esta manera, él te arrastra de esa manera.
No estoy cantando por una chica imaginaria.
Te estoy hablando a ti, mi propio yo.
Recreemos el mundo.
El palacio de la concepción está incendiándose.
Mira. Contempla cómo se quema.
Toma color junto a los carbones calientes.
Eres demasiado joven para ser vieja.
No necesitas que te lo digan.
Quieres ver las cosas como son.
Sabes exactamente lo que hago.
Todo.

                                                  Jim Morrison.